NO SABEN… NO CONTESTAN…

Siempre es valorable la renovación.

Alguna vez, unos días años y fracción atrás, se “desparramó” aquello del “que se vayan todos”, a propósito de los políticos. Obvio, pasado el escozor, no se fue ninguno y allí están todos los que estaban, no pocos superando ya los 28 años en cargos continuados. Y si fueron concejales, legisladores provinciales y o nacionales, no trepidaría, seguramente, en postularse para consejeros escolares, si fuera necesario, para seguir teniendo algún tipo de “chapa” pública. Porque cuando alguien se acostumbra a algo (como vivir de cargos de cierta jerarquía), resulta muy difícil volver al llano.

De todas formas, en el tema hay algunas particularidades.

Están quienes, pese al paso de los años y los diferentes cargos, mantienen la inalterable costumbre de “atender” un llamado a su celular (que conservan desde siempre); o responder, por sí o por sus colaboradores, los mails que le llegan por el sistema de correo electrónico; o los mensajes de texto arribados a su telefonía móvil.

Tenemos un claro ejemplo a la vista: Aldo Mensi, por años intendente de Coronel Pringues; desde hace dos calendarios y fracción, diputado provincial. Si alguna vez no puede atender en el momento, inexorablemente llamará más tarde.

La antítesis, muy pronto, fue Carlos Oreste, su sucesor en la comuna pringlense. A partir de asumir como intendente, nunca más. Se la creyó, podría decirse. ¿Qué creyó?, sería bueno preguntarle.

Hay un ejemplo palpable, de político joven, que renovó mandato, pero que tiene la costumbre del “no sabe; no contesta”: Gustavo Trankels, intendente de Tornquist. Que, para mayor abundamiento, ha instruido a su gente respecto de alguna práctica similar. Nadie responde.

Por ahí, a poco de intentar ver cómo es la respuesta, nos encontramos con un ejemplo bastante más cercano: Gustavo Bevilacqua, intendente interino de la ciudad. Con un agravante, su secretario privado hace exactamente lo mismo, impermeable a la repetición de los mensajes.

Cuesta creer, eso sí, que más allá de las malas costumbres, cada quien de los que llegan a determinados cargos, se desentiendan de sus contactos; o anulen sistemáticamente los números de sus móviles o las casillas personales de e-mail. A cada paso, surgen los ejemplos.

Lo lamentable, en fin, es que el “no sabe; no contesta”, se haga carne en la dirigencia más joven, de la que es esperable la perspectiva de un cambio favorable en la vida de relación…

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